Juan Ramón Jiménez - Mirlo fiel



MIRLO FIEL

Cuando el mirlo, en lo verde nuevo, un día
vuelve, y silba su amor, embriagado,
meciendo su inquietud en fresco de oro,
nos abre, negro, con su rojo pico,
carbón vivificado por su ascua,
un alma de valores armoniosos
mayor que todo nuestro ser.

No cabemos, por él, redondos, plenos,
en nuestra fantasía despertada.
(El sol, mayor que el sol,
inflama el mar real o imajinario,
que resplandece entre el azul frondor,
mayor que el mar, que el mar.)
Las alturas nos vuelcan sus últimos tesoros,
preferimos la tierra donde estamos,
un momento llegamos,
en viento, en ola, en roca, en llama,
al imposible eterno de la vida.

La arquitectura etérea, delante,
con los cuatro elementos sorprendidos,
nos abre total, una,
a perspectivas inmanentes,
realidad solitaria de los sueños,
sus embelesadoras galerías.
La flor mejor se eleva a nuestra boca,
la nube es de mujer,
la fruta seno nos responde sensual.

Y el mirlo canta, huye por lo verde,
y sube, sale por lo verde, y silba,
recanta por lo verde venteante,
libre en la luz y la tersura,
torneado alegremente por el aire,
dueño completo de su placer doble;
entra, vibra silbando, ríe, habla,
canta... Y ensancha con su canto
la hora parada de la estación viva.
y nos hace la vida suficiente.

¡Eternidad, hora ensanchada,
paraíso de lustror único, abierto
a nosotros mayores, pensativos,
por un ser diminuto que se ensancha!
¡Primavera, absoluta primavera,
cuando el mirlo ejemplar, una mañana,
enloquece de amor entre lo verde!

Juan Ramón Jiménez




Luis Cernuda - El mirlo



EL MIRLO

Marzo anochece gris entre los olmos desnudos, aunque la hierba, donde el asfodelo y el jacinto ya apuntan en sus tallos, están abiertas las corolas del azafrán, encendidas de color lo mismo que una mejilla fresca contra este aire punzante. Cerca, desde tal cima sin hoja o cual alero, echándo penas a la espalda, silba sentido e irónico algún mirlo.

Tiene su cantar ahora la misma ligereza sin cansancio ni sombra que tuvo a la mañana, y al recogerse tras de la jornada volandera calla en su garganta la misma voz alegre de su despertar. Para él la luz del poniente es idéntica a la del oriente, su sosiego de plumas tibias ovilladas en el nido idéntico a su vuelo de cruz loca por el aire, donde halla materia de tantas coplas silbadas.

Desde el aire trae a la tierra alguna semilla divina, un poco de luz mojada de rocío, con las cuales parece nutrir su existencia, no de pájaro sino de flor, y a las cuales debe estas notas claras, líquidas, traspasando su garganta. Igual que la violeta llena con su olor el aire de marzo, el mirlo llena con su voz la tierra de marzo. Y equivalente oposición dialéctica, primaveral e inverniza, a la que expresa el tiempo en esos días, es la de pasión y burla que expresa el pájaro en esas notas.

Como si la muerte no existiera, ¿que puede importarle a mirlo la muerte?, como si ella con su flecha pesada y dura no pudiera pasarle, silba el pájaro alegre, libre de toda razón humana. Y su alegría contagiosa prende en el espíritu de quien oscuramente le escucha, formando con este espíritu y aquel cantar, tal la luz con el agua, un solo volumen etéreo.

Luis Cernuda

De Ocnos (1942-1949-1963)




Peter Handke - El mirlo sobre la cubierta de la fuente...



El mirlo sobre la cubierta de la fuente,
silueta de amanecer.
Un ciclista en el canal,
silueta de atardecer.
Orión brilla tras la
rama del manzano,
silueta de invierno.

Peter Handke

Premio Nobel de Literatura 2019


Vivir sin poesía (Peter Handke). Traducción y prólogo de Sandra Santana. Edición bilingüe. Bartleby Editores, 2009


Amsel auf dem Brunnendach,
Silhouette der Morgendämmerung.
Radfahrer am Kanal,
Silhouette des Abendwerdens.
Orion dann glitzernd hinter den
Apfelbaumzweigen,
Silhouette des Winters.



Eloy Sánchez Rosillo - Inoportunamente



INOPORTUNAMENTE

Ya mediado septiembre, al caer las tardes,
cantan los mirlos como si éstas fueran
en todo iguales a otras que han pasado.
Cantan alegres, sin tener en cuenta
que el verano se acaba y deberían
no cantar o, si acaso, que sus silbos
tejieran en el aire una elegía.

Eloy Sánchez Rosillo

Quién lo diría [2011 - 2014]


Olvido García Valdes - " Hundir los dedos entre sus cabellos..."




Hundir los dedos entre sus cabellos
o pájaros jugando,
muy despacio, a caerse de un cable
de la luz,
muy despacio, abanico
de mirlos.
Cerca hay una charca y un árbol
en el centro.
Reverbera la fiebre,
el amarillo hiere sobre el agua.

Olvido García Valdes

Exposición (1979)


Aurelio González Ovies - El canto del mirlo


EL CANTO DEL MIRLO

Cántame, mirlo,
necesito creer que el verano no cambia,
que la luz no envejece.
Que soy yo quien opaca la eternidad de agosto,
que yo soy quien la mira
con los ojos cansados.

Pero tú, cántame,
ahora y siempre.

Que al escucharte sienta
que sigo aún en mí
o que, al menos, estuve
ciertamente conmigo.

Aurelio González Ovies




A. M. Pires Cabral - "Y sin embargo, las carcajadas del mirlo..."



VI

Y sin embargo,
las carcajadas del mirlo en la jaula
me hacen rasgones por dentro
como si en vez de risa fuesen llanto.

Porque yo soy como él:
alguien me ha reducido el tamaño del patio
hasta que el patio se ha quedado en lo que se ve
- y yo defendiéndolo a golpes de risa.

Como el mirlo, tal cual.

A. M. Pires Cabral


(Traducido por El transcriptor)

VI

E todavia,
as risadas do melro na gaiola
fazem-me rasgões por dentro
como se em vez de riso fossem pranto.

Porque eu sou como ele:
alguém me reduziu o tamanho do quintal
até o quintal ficar isto que se vê
- e eu a defendê-lo a golpes de riso.

Como o melro, tal e qual.

in Telhados de Vidro n.º 11,
Lisboa, Averno, Novembro de 2008